La prevención por un bien común
Por: Jesús Guillermo Falcón Cardona
Desastre, llanto, impotencia, son palabras que nos hacen recordar aquel acontecimiento que nos sorprendió en el amanecer del 19 de Septiembre de 1985 en nuestra querida Ciudad de México…
Aquella mañana se dio una mixtura de sentimientos que se sobreponían uno con otro por la magnitud de aquello a lo que nos enfrentábamos: un terremoto. Pero nuestra sociedad a pesar de la falta de una cultura que nos ayudase a poder responder de mejor forma, dio muestras de su profunda cooperación y solidaridad por el bien común de nuestro pueblo.
En esos días dejamos de lado las idiosincrasias racistas que nos distinguen en una escala social, en ese momento todos éramos mexicanos. Entre los escombros se podía diferenciar la interdependencia que nos une como pueblo, y como dijo Jean Jacques Rousseau “Es la debilidad del hombre lo que lo hace sociable”, y en este caso la penumbra del dolor como debilidad nos llevó hacia la participación.
Sin embargo pese a todo, la sociedad mexicana pudo salir adelante, aunque las heridas no cerrarán… Día con día muchas de las personas que presenciaron ese evento viven con la zozobra de lo que podrá ocurrir cuando por la mañana despierten.
Debemos de estar consientes que el futuro se vive a cada segundo, pero con cada segundo nos acercamos cada vez más hacia un destino inevitable. Científicos han descubierto que esa mañana del 19 de Septiembre se volverá a repetir en un escenario distinto. Los enemigos se mueven a cada instante y es incesable este acontecer.
La Tierra está fragmentada en placas tectónicas las cuales son parte de la dinámica de la superficie terrestre. Estas placas a lo largo de la historia han dejado cicatrices en toda la extensión del planeta, y un ejemplo de ello son montañas, grietas, etc. Esto debe de servir de referencia para conocer el tamaño del enemigo al que nos enfrentamos. Actualmente estamos al asecho de dos de estas placas: la placa Norteamericana y la placa de Cocos.
Lo descubierto por los científicos se centra en que estas placas se encuentran en un proceso de subducción, generando una cantidad inimaginable de energía que en algún momento (no muy lejano) se desencadenará. Esto nos es de interés a todos, ya que la indiferencia sólo mostraría un retroceso social ante lo ya vivido y peor aun una falta de respeto ante toda persona que murió en el desastre y no sólo ellas sino aquellas que dieron sus vidas para salvar a otros.
El tiempo ha seguido su curso, y las nuevas generaciones han dejado en algún recóndito lugar el recuerdo de la calamidad. Podrá haber tantas razones por la que hacen esto, pero ninguna supera al instinto de supervivencia. Se ha insistido tanto en la práctica de simulacros para estar preparados ante el futuro, pero tal parece que estos no son más que un momento cómodo para platicar de cualquier cosa, dejando de lado la importancia del acto que se supone llevamos a cabo. El gobierno a través de los medios masivos de comunicación ha exhortado en una cultura de prevención, que muy a nuestro pesar no ha sido suficiente para alentarnos a salvar nuestras vidas.
Tal parece que existe una decadencia social y una terrible indiferencia entre la sociedad mexicana. Pero estas malas costumbres nos pueden cobrar de nuevo cuentas bastante caras.
¡Es momento de un cambio radical en la forma de pensar y darnos cuenta que no debemos de vivir a la sombra de aquel triunfo insípido que vivimos al salir adelante en esos tiempos! El pasado quedó en el pasado y es cuestión nuestra, las nuevas generaciones, no sólo conformarnos con eso, sino estar preparados ante cualquier eventualidad que se nos presente.
Es cierto el enemigo es invencible, pero si podemos preparar su llegada y burlarlo de alguna manera, y esa manera es fundamentar una cultura de prevención entre todos nosotros. Si queremos un bien y un progreso debemos de poner de nuestra parte y estar convencidos que nuestras vidas son lo más preciado y no dejar a la suerte estas.
Es por ello que mediante este texto hago hincapié en la necesidad imperante de cambiar la consciencia colectiva de la sociedad mexicana y hacerla más sensible ante los sucesos que nos persiguen con el pasar de los días, porque no estamos exentos de la posibilidad de lo inevitable. Más vale prevenir que lamentar, una frase del argot popular que nos debe de abrir la visión y ver más allá de lo que se nos presenta. Con esto les puedo asegurar que si cada uno difunde en su medio los ideales de proteger no sólo la vida propia sino que la de otros basándonos en una cultura de prevención, en más de una ocasión saldremos bienaventurados a cualquier eventualidad a la que tengamos que hacer frente, y no será sólo un éxito individual sino que se manifestara como otro éxito de nuestra grandiosa Patria.
sábado, 10 de octubre de 2009
Ética para amador
Ética para Amador
Fernando Savater
Introducción
¿Qué es la ética?, ¿qué estudia la ética?, ¿a quienes beneficia?, ¿cómo aplicarla en la vida?, estas son una mínima cantidad de preguntas que el hombre a lo largo de los tiempos se ha formulado con respecto a esta ciencia: la Ética. Por decenas de siglos el hombre ha tratado de buscar un fin para todas aquellas acciones que realiza con el acontecer de los días, tal vez busca diversión, placer, perfección, utilidad, comunicación o simplemente felicidad.
Por definición la Ética “…es la disciplina que se encarga de reflexionar, demostrar y comprender metódicamente los fundamentos y finalidades de la(s) Teoría(s) en torno a la Moral, reconstruyendo en la medida de lo posible, los contextos históricos y los horizontes culturales donde la Teoría o la Moral suceden; buscando que este estudio sea sistemático, objetivo y racional; en otras palabras, riguroso y crítico: científico.” La ética al definirse como una disciplina nos lleva hacia los confines de una ciencia y por tanto implica conocimiento de parte de los humanos.
Por otra parte, también es importante recalcar la reflexión que no sólo permite ver el mundo desde nuestra perspectiva sino que esta visión debería de ser desde tantos puntos de vista como podamos, dándonos a entender que la reflexión es en sí ponernos en los zapatos de la demás gente para adquirir conocimiento que nos es imprescindible: distinguir entre que cosas nos convienen y que otras no.
Desarrollo
Fernando Savater a través de las páginas de su obra “Ética para Amador” nos lleva de la mano por un recorrido de conocimiento que en la forma literaria un padre trata de pasarle a su pequeño hijo. Estas recomendaciones las hace en función de que el niño no se pierda en el camino de la vida, siendo un ente que sólo se guía por el actuar de los demás. Para el padre es necesario hacerle entender a su hijo que la vida se basa de decisiones, de actos que conllevan responsabilidades, ya sean buenas o sean malas, según el juicio que la sociedad dé a estas.
Pero estos juicios van de la mano con las épocas en que vivimos, tal como dice Friedrich Nietzsche “no existen fenómenos morales, sino sólo una interpretación moral de los fenómenos” Con lo cual podremos inferir que las acciones por sí solas no son morales, sino que el fin con las que las realizamos es lo que les da su enfoque moral, y este va cambiando según la ideología de la sociedad en la que nos desarrollamos.
Pero antes de entrar a los ámbitos generales, debemos de empezar por asuntos individuales que nos llevarán a formarnos una apreciación autónoma. La diferencia del hacer y qué no hacer se basa en nosotros mismos, en una capacidad de la cuales somos absolutamente dueños: la libertad. Esta libertad de hacer y no hacer la vemos reflejada en todos los ámbitos de la vida cotidiana, que “…en ciertos momentos nos lleva a pronunciar dos monosílabos: Sí y No” . Aunque en ciertas ocasiones esto nos lleve por caminos sinuosos de confusión, ya que como se dice coloquialmente “no hagas cosas buenas que parezcan malas”. Esto se refiere a que no siempre lo que consideramos buenos trae consigo fines buenos, o que lo que se considera malo nos lleve a condiciones malas; definitivamente en ciertos sucesos estas mixturas nos llevan por caminos que tal vez no deseábamos, pero no tenemos más que aceptar tales consecuencias, que se expresan por la falta de pensamiento de nuestras acciones.
La humanidad, tiene su condición de humanidad, porque cada ser comparte condiciones que se nos imponen desde fuera para sentirnos parte de un conjunto y biológicamente llevar a la progresión de la especie. Pero más allá de esto, la razón, el pensamiento, nuestra libertad es lo que forma a la humanidad. Esa interdependencia con cada uno, la cultura, el hambre del saber que como decía Aristóteles “el hombre tiene una tendencia hacia el conocimiento” nos lleva a romper las barreras de los instintos y englobarnos en la cultura, pero para ello hacemos uso de nuestra libertad al decir: quiero ser parte de la sociedad.
Esta condición humana nos arrastra a tratarnos con dignidad, y no encarcelarnos a nosotros mismos, ya que cada acción que realizamos conlleva consecuencias que inevitablemente afectarán a otros. Estas acciones propone Fernando Savater que se dividan en tres rubros: caprichos, órdenes y costumbres. Los caprichos son propios, nacen como respuesta a ciertos eventos, dando a entender que hacemos eso porque así lo mandamos nosotros; las órdenes se nos son impuestas como mandato de alguna persona que está más arriba que nosotros en la escala jerárquica de la sociedad, y a la cual ya sea por miedo o alguna otra razón debemos de acatar; las costumbres son el reflejo por la aceptación social, para encajar dentro de algún círculo social, pero esto no nos debe de llevar a repetir patrones viviendo nuestra vida, cada uno de nosotros debemos de vivir la vida como personas auténticas .
Estas formas de actuar inclinan nuestra conducta para responder a situaciones que no hemos elegido vivir, empero debemos de hacerles frente con el uso de nuestra libertad, definiendo de esta manera la mejor forma de llegar a salvo al fin de las cosas. Esto nos lleva a pensar que el hombre es el arquitecto de su destino, y definiendo esto en palabras de Fromm “En el arte de vivir, el hombre es al mismo tiempo el artista y el objetivo de su arte, es el escultor y el mármol, el médico y el paciente” .
La ética hasta este punto se ha volcado sobre el concepto de libertad, el decidir, hacer o no hacer. De manera formal (como ya se había mencionado) el objeto de la ética es la moral, que es “…el conjunto de comportamientos y normas que solemos aceptar como validas dentro de la sociedad” .
La moral, proponemos con esta definición que sea una guía de vida, una guía para el obrar bien, una guía del buen vivir. Con esto, los monosílabos: Sí y No de la libertad nos encaminan a las palabras: Bien y Mal. El hombre no tiene un objetivo funcional, o si lo hay aun no lo sabemos, cosa que podría estudiarse mediante metafísica, pero no es del interés de este artículo indagar en esos parámetros. Es por ello que al no saber para qué es bueno o malo en su fin absoluto el hombre, hay tantas formas de serlo pero cada una de ellas condicionadas por el ámbito en el que se mueva cada cual.
Al menos hasta el momento los actos morales de los hombres se ven bajo la sombra de un solo precepto: el bienestar del propio hombre. Cada uno de nosotros somos capaces de razonar que es lo bueno o que es lo malo, desde el punto de vista material, pero aunque la razón basta, cuando está plenamente desarrollada y perfeccionada, para instruirnos de las tendencias dañosas o útiles de las cualidades y de las acciones, no basta, por sí misma para producir la censura o la aprobación moral. Es por ello que este bienestar se manifiesta en base a un sentimiento único, derivado de la satisfacción de necesidades: la alegría.
Las acciones de la vida se ven envueltas por la decisión. Uno no tiene que preguntarle a nadie que debe hacerse con la vida propia, esa respuesta debe de salir del interior como premisa de identidad. El libre albedrio no debe de ponerse al servicio de los demás, sino al de uno mismo. La vida no se trata solo de pasar el tiempo, sino de vivirlo dignamente ya que no somos libres de no ser libres, más bien no tenemos más remedio más que serlo. “Estamos condenados a la libertad”, así lo enunció Jean-Paul Sartre.
Las contradicciones del querer, se ven envueltas en luchas constates de nosotros mismos que para otras personas tienen mayor grado de interés, pero ¿Quiénes son ellos para decidir por nosotros? Cada hombre debe de establecer prioridades sobre sus decisiones y no basarse plenamente en satisfacción banal, sino en satisfacción profunda de su ser. Así como Esaú cambió lentejas por el bienestar de su futuro, creyendo que la vida se acabaría en el siguiente instante; nosotros no debemos de vernos en la negatividad de la muerte pensándola como fin último de todo, ya que la muerte es solo un camino que todos debemos de recorrer algún día, pero vivimos en el presente y el futuro se construye a cada segundo.
Buena vida, construida segundo a segundo como resultado de la libertad. Averiguar todo lo posible nos da un margen de campo de acción incomparable, que se manifiesta como oportunidades de darnos la buena vida. Pero la buena vida se da entre humanos, porque no hay nadie, más que sólo un propio humano el cual nos puede dar trato como tal.
El hombre es un ser complejo, porque los seres humanos somos diversos por naturaleza, es más, podríamos decir que únicos, por lo tanto, la visión del hombre no puede tener una sola explicación. Esta complejidad no puede ser descrita por las palabras de algún filósofo exactamente, porque habrá que precisar que esta complejidad no tiene que ver sólo con la época, sino también tiene que ver con la posición ante la vida.
El resultado de nuestras decisiones creará en las personas un juicio determinado hacia nosotros. Y sobretodo el resultado de cómo tratemos a los demás, cómo humanicemos la existencia con los que nos rodean. El trato digno, el respeto y la responsabilidad son factores comunes de las relaciones humanas. A las personas debemos de verlas como lo que son: Personas y no como objetos que sirvan para nuestros propósitos. Comprensión de lo que no es indispensable: objetos para fines de utilidad y personas para nuestra propia humanización. Esto lo podríamos resumir en palabras de Jacques Rousseau “…Es la debilidad del hombre lo que lo hace sociable; son nuestras comunes miserias las que inclinan nuestros corazones a la humanidad (…) Todo apego es signo de insuficiencia (…) de nuestra misma deficiencia nace nuestra frágil dicha…” .
Pepito grillo es mencionado en el texto de forma asociativa al juez de la moral: la conciencia. La conciencia mientras actuemos en el campo positivo de la moral no nos trae problemas, sino al contrario alegría. Ahora que si navegamos por el terreno oscuro de la moral pues no tendremos más que remordimientos, culpa, pecados, en fin insatisfacción con nosotros mismos. Pero estos remordimientos solo son efectos colaterales a nuestra libertad, porque pudimos haber decidido el no hacer tal cosa. Somos seres responsables desde el primer momento en que hicimos uso de la libertad. Al obrar mal no solo perjudicamos sino nos perjudicamos, esto lo respalda Erich Fromm con su frase “todo lo que hagas a los otros te lo haces también a ti mismo” , y en qué forma nos perjudicamos: por remordimiento.
En el aspecto actual y refiriéndonos específicamente a nuestra sociedad mexicana, donde la indiferencia y la decadencia social nos lleva a lo profundo del abismo siniestro de falta de moralidad, quien espera a que los demás actúen como es debido para de esta manera cambiar, ¿no incurre en el mismo error? Es más lógico hacer lo que uno considera bueno en lugar de lo opuesto. De nuevo caemos en el desastre en tomar de mala gana las costumbres, el dejarse llevar como corderos así un final inevitable, sin si quiera pensar en lo que depara dicho futuro. Defender nuestro ideales es lo más correcto, aun si la gente lo ve mal o bien, no estamos como para quedar bien entre la muchedumbre, sino hacer lo moralmente correcto. ¿Ser león o ser ratón? He ahí la premisa.
El trato correcto de las personas nos lleva a otro concepto dentro del tenor del buen vivir: la justicia. El ponerse en el lugar del otro es hacer un esfuerzo de objetividad por entender primeramente los derechos del hombre y en segunda instancia sus razones. Es en esto que se basa la justicia, entendimiento de lo que nuestros semejantes pueden esperar de nosotros. Este término de justicia también hace brotar otro tema: las leyes. Las leyes tratan de establecer lo mínimo que se necesita para mantener la convivencia entre la humanidad. Pero la propia complejidad del hombre hace ver a las leyes como algo sutil e imposible de guardar en libros.
Después de haber fundamentado algunos aspectos sobre ética y moral, y lo que estos conllevan, es necesario ver otra perspectiva en cuanto a lo que persiguen. Si bien se plasmó que la vida plena o el buen vivir es el objetivo del moldeo de la ética a nuestras vidas, ¿Qué nos impulsa a ello? Es el uso de las acciones y la satisfacción de necesidades lo que impulsa el actuar humano, el perseguir el tan anhelado objetivo de la existencia, alcanzar la felicidad, aunque esta se vea como instantes intermitentes de la vida.
Pero estos placeres de satisfacción se pueden ver envueltos entre tumultos de obsesión y abuso. Es inevitable, la vida pasa y los placeres se nos escapan de las manos, de modo que no queda más remedio que disfrutar a cada momento todo aquello que la vida nos ofrezca entre sus lazos de oportunidades. Pero estos placeres es mejor mantenerlos bajo control y usarlos, pero teniendo en mente que el fundamento de la vida no sólo es esto, ya que de pensarlo así el propio gusto por el placer nos llevaría al abuso y después a la obsesión, y esto no es más que un artilugio desagradable desde el punto de vista ético a escapar de la vida.
Por ello aunque sea desde un punto de vista no absoluto, la alegría que conlleva a la felicidad y satisfacción y todo lo que nos lleve a ésta, tiene justificación. El placer debemos de ocuparlo al servicio de la felicidad para así alcanzar la buena vida.
Conclusión
La libertad es la condición inherente de los seres humanos, que los lleva por los diferentes caminos y posibilidades que la vida ofrece. La moral por su parte es el tronco en el que se fundamenta la Ética para diferenciar mediante acuerdos que son aceptados por las sociedades lo que es en ese momento bueno o malo.
Este libro me hizo reconocer ciertos aspectos que de otra manera seria tedioso entender a través de la lectura de las teorías de la Ética. Fernando Savater adapta tal conocimiento a través de palabras y ejemplos que nos son comunes a todos en la vida cotidiana. Mi condición se basa en las ciencias exactas, pero como futuro ingeniero y sobretodo como persona que forma parte de una sociedad, no puedo darme el lujo de desconocer algo que vivo día con día, el tomar decisiones en un campo establecido y hacerme responsable de todo aquello que yo decida. El no saber cómo regir mi comportamiento y mi relación con las personas es semejante al no saber reconocer que lazarme por un precipicio es una idea bastante mala.
Al excluirse y no saber diferenciar lo que nos es bueno dentro de la sociedad, nos deja sin nuestra propia humanidad, desconoceríamos nuestra condición de seres racionales. Una persona por tantas cosas que logre en la vida, por ejemplo en el aspecto académico, nunca dejará de depender de las demás personas, porque hasta el lápiz que usa el académico es realizado por un conjunto enorme de gente.
Hay que ser responsables de lo que hacemos y saber manejar las situaciones que son provocadas por nuestros actos y siempre tomar parte de lo que nos rodea. La indiferencia hacia el acontecer de la sociedad es lo que hace que ésta acabe por arruinarse.
La Ética debemos de tomarla desde un punto de vista coloquial, como un instrumento para formas nuestra vida y tratar de mejorar a cada día. Debemos de entender y sobre todo la sociedad mexicana que cuando una persona sale adelante no tenemos que destruirla o si alguien tiene condiciones no tan buenas de vida tenemos que pisotearlo. El que hace bien, bien obtendrá y que hace el mal, mal obtendrá, eso nos recuerda a una frase que dice “todo cae por su propio peso” y “cada quien obtiene lo que merece”.
Y si tratamos de cumplir con las condiciones de vida que se nos plantean y difundimos estos ideales entre quienes nos rodean, el cambio comenzará. Es difícil eso nadie lo niega, pero “un viaje de mil kilómetros empieza con un paso”, y eso tenemos que digerirlo en nuestras mentes, el verdadero cambio empieza por nosotros, para llevarlo a nuestra familia y de ahí a los diversos grupos sociales que orbitan nuestras vidas.
Fernando Savater
Introducción
¿Qué es la ética?, ¿qué estudia la ética?, ¿a quienes beneficia?, ¿cómo aplicarla en la vida?, estas son una mínima cantidad de preguntas que el hombre a lo largo de los tiempos se ha formulado con respecto a esta ciencia: la Ética. Por decenas de siglos el hombre ha tratado de buscar un fin para todas aquellas acciones que realiza con el acontecer de los días, tal vez busca diversión, placer, perfección, utilidad, comunicación o simplemente felicidad.
Por definición la Ética “…es la disciplina que se encarga de reflexionar, demostrar y comprender metódicamente los fundamentos y finalidades de la(s) Teoría(s) en torno a la Moral, reconstruyendo en la medida de lo posible, los contextos históricos y los horizontes culturales donde la Teoría o la Moral suceden; buscando que este estudio sea sistemático, objetivo y racional; en otras palabras, riguroso y crítico: científico.” La ética al definirse como una disciplina nos lleva hacia los confines de una ciencia y por tanto implica conocimiento de parte de los humanos.
Por otra parte, también es importante recalcar la reflexión que no sólo permite ver el mundo desde nuestra perspectiva sino que esta visión debería de ser desde tantos puntos de vista como podamos, dándonos a entender que la reflexión es en sí ponernos en los zapatos de la demás gente para adquirir conocimiento que nos es imprescindible: distinguir entre que cosas nos convienen y que otras no.
Desarrollo
Fernando Savater a través de las páginas de su obra “Ética para Amador” nos lleva de la mano por un recorrido de conocimiento que en la forma literaria un padre trata de pasarle a su pequeño hijo. Estas recomendaciones las hace en función de que el niño no se pierda en el camino de la vida, siendo un ente que sólo se guía por el actuar de los demás. Para el padre es necesario hacerle entender a su hijo que la vida se basa de decisiones, de actos que conllevan responsabilidades, ya sean buenas o sean malas, según el juicio que la sociedad dé a estas.
Pero estos juicios van de la mano con las épocas en que vivimos, tal como dice Friedrich Nietzsche “no existen fenómenos morales, sino sólo una interpretación moral de los fenómenos” Con lo cual podremos inferir que las acciones por sí solas no son morales, sino que el fin con las que las realizamos es lo que les da su enfoque moral, y este va cambiando según la ideología de la sociedad en la que nos desarrollamos.
Pero antes de entrar a los ámbitos generales, debemos de empezar por asuntos individuales que nos llevarán a formarnos una apreciación autónoma. La diferencia del hacer y qué no hacer se basa en nosotros mismos, en una capacidad de la cuales somos absolutamente dueños: la libertad. Esta libertad de hacer y no hacer la vemos reflejada en todos los ámbitos de la vida cotidiana, que “…en ciertos momentos nos lleva a pronunciar dos monosílabos: Sí y No” . Aunque en ciertas ocasiones esto nos lleve por caminos sinuosos de confusión, ya que como se dice coloquialmente “no hagas cosas buenas que parezcan malas”. Esto se refiere a que no siempre lo que consideramos buenos trae consigo fines buenos, o que lo que se considera malo nos lleve a condiciones malas; definitivamente en ciertos sucesos estas mixturas nos llevan por caminos que tal vez no deseábamos, pero no tenemos más que aceptar tales consecuencias, que se expresan por la falta de pensamiento de nuestras acciones.
La humanidad, tiene su condición de humanidad, porque cada ser comparte condiciones que se nos imponen desde fuera para sentirnos parte de un conjunto y biológicamente llevar a la progresión de la especie. Pero más allá de esto, la razón, el pensamiento, nuestra libertad es lo que forma a la humanidad. Esa interdependencia con cada uno, la cultura, el hambre del saber que como decía Aristóteles “el hombre tiene una tendencia hacia el conocimiento” nos lleva a romper las barreras de los instintos y englobarnos en la cultura, pero para ello hacemos uso de nuestra libertad al decir: quiero ser parte de la sociedad.
Esta condición humana nos arrastra a tratarnos con dignidad, y no encarcelarnos a nosotros mismos, ya que cada acción que realizamos conlleva consecuencias que inevitablemente afectarán a otros. Estas acciones propone Fernando Savater que se dividan en tres rubros: caprichos, órdenes y costumbres. Los caprichos son propios, nacen como respuesta a ciertos eventos, dando a entender que hacemos eso porque así lo mandamos nosotros; las órdenes se nos son impuestas como mandato de alguna persona que está más arriba que nosotros en la escala jerárquica de la sociedad, y a la cual ya sea por miedo o alguna otra razón debemos de acatar; las costumbres son el reflejo por la aceptación social, para encajar dentro de algún círculo social, pero esto no nos debe de llevar a repetir patrones viviendo nuestra vida, cada uno de nosotros debemos de vivir la vida como personas auténticas .
Estas formas de actuar inclinan nuestra conducta para responder a situaciones que no hemos elegido vivir, empero debemos de hacerles frente con el uso de nuestra libertad, definiendo de esta manera la mejor forma de llegar a salvo al fin de las cosas. Esto nos lleva a pensar que el hombre es el arquitecto de su destino, y definiendo esto en palabras de Fromm “En el arte de vivir, el hombre es al mismo tiempo el artista y el objetivo de su arte, es el escultor y el mármol, el médico y el paciente” .
La ética hasta este punto se ha volcado sobre el concepto de libertad, el decidir, hacer o no hacer. De manera formal (como ya se había mencionado) el objeto de la ética es la moral, que es “…el conjunto de comportamientos y normas que solemos aceptar como validas dentro de la sociedad” .
La moral, proponemos con esta definición que sea una guía de vida, una guía para el obrar bien, una guía del buen vivir. Con esto, los monosílabos: Sí y No de la libertad nos encaminan a las palabras: Bien y Mal. El hombre no tiene un objetivo funcional, o si lo hay aun no lo sabemos, cosa que podría estudiarse mediante metafísica, pero no es del interés de este artículo indagar en esos parámetros. Es por ello que al no saber para qué es bueno o malo en su fin absoluto el hombre, hay tantas formas de serlo pero cada una de ellas condicionadas por el ámbito en el que se mueva cada cual.
Al menos hasta el momento los actos morales de los hombres se ven bajo la sombra de un solo precepto: el bienestar del propio hombre. Cada uno de nosotros somos capaces de razonar que es lo bueno o que es lo malo, desde el punto de vista material, pero aunque la razón basta, cuando está plenamente desarrollada y perfeccionada, para instruirnos de las tendencias dañosas o útiles de las cualidades y de las acciones, no basta, por sí misma para producir la censura o la aprobación moral. Es por ello que este bienestar se manifiesta en base a un sentimiento único, derivado de la satisfacción de necesidades: la alegría.
Las acciones de la vida se ven envueltas por la decisión. Uno no tiene que preguntarle a nadie que debe hacerse con la vida propia, esa respuesta debe de salir del interior como premisa de identidad. El libre albedrio no debe de ponerse al servicio de los demás, sino al de uno mismo. La vida no se trata solo de pasar el tiempo, sino de vivirlo dignamente ya que no somos libres de no ser libres, más bien no tenemos más remedio más que serlo. “Estamos condenados a la libertad”, así lo enunció Jean-Paul Sartre.
Las contradicciones del querer, se ven envueltas en luchas constates de nosotros mismos que para otras personas tienen mayor grado de interés, pero ¿Quiénes son ellos para decidir por nosotros? Cada hombre debe de establecer prioridades sobre sus decisiones y no basarse plenamente en satisfacción banal, sino en satisfacción profunda de su ser. Así como Esaú cambió lentejas por el bienestar de su futuro, creyendo que la vida se acabaría en el siguiente instante; nosotros no debemos de vernos en la negatividad de la muerte pensándola como fin último de todo, ya que la muerte es solo un camino que todos debemos de recorrer algún día, pero vivimos en el presente y el futuro se construye a cada segundo.
Buena vida, construida segundo a segundo como resultado de la libertad. Averiguar todo lo posible nos da un margen de campo de acción incomparable, que se manifiesta como oportunidades de darnos la buena vida. Pero la buena vida se da entre humanos, porque no hay nadie, más que sólo un propio humano el cual nos puede dar trato como tal.
El hombre es un ser complejo, porque los seres humanos somos diversos por naturaleza, es más, podríamos decir que únicos, por lo tanto, la visión del hombre no puede tener una sola explicación. Esta complejidad no puede ser descrita por las palabras de algún filósofo exactamente, porque habrá que precisar que esta complejidad no tiene que ver sólo con la época, sino también tiene que ver con la posición ante la vida.
El resultado de nuestras decisiones creará en las personas un juicio determinado hacia nosotros. Y sobretodo el resultado de cómo tratemos a los demás, cómo humanicemos la existencia con los que nos rodean. El trato digno, el respeto y la responsabilidad son factores comunes de las relaciones humanas. A las personas debemos de verlas como lo que son: Personas y no como objetos que sirvan para nuestros propósitos. Comprensión de lo que no es indispensable: objetos para fines de utilidad y personas para nuestra propia humanización. Esto lo podríamos resumir en palabras de Jacques Rousseau “…Es la debilidad del hombre lo que lo hace sociable; son nuestras comunes miserias las que inclinan nuestros corazones a la humanidad (…) Todo apego es signo de insuficiencia (…) de nuestra misma deficiencia nace nuestra frágil dicha…” .
Pepito grillo es mencionado en el texto de forma asociativa al juez de la moral: la conciencia. La conciencia mientras actuemos en el campo positivo de la moral no nos trae problemas, sino al contrario alegría. Ahora que si navegamos por el terreno oscuro de la moral pues no tendremos más que remordimientos, culpa, pecados, en fin insatisfacción con nosotros mismos. Pero estos remordimientos solo son efectos colaterales a nuestra libertad, porque pudimos haber decidido el no hacer tal cosa. Somos seres responsables desde el primer momento en que hicimos uso de la libertad. Al obrar mal no solo perjudicamos sino nos perjudicamos, esto lo respalda Erich Fromm con su frase “todo lo que hagas a los otros te lo haces también a ti mismo” , y en qué forma nos perjudicamos: por remordimiento.
En el aspecto actual y refiriéndonos específicamente a nuestra sociedad mexicana, donde la indiferencia y la decadencia social nos lleva a lo profundo del abismo siniestro de falta de moralidad, quien espera a que los demás actúen como es debido para de esta manera cambiar, ¿no incurre en el mismo error? Es más lógico hacer lo que uno considera bueno en lugar de lo opuesto. De nuevo caemos en el desastre en tomar de mala gana las costumbres, el dejarse llevar como corderos así un final inevitable, sin si quiera pensar en lo que depara dicho futuro. Defender nuestro ideales es lo más correcto, aun si la gente lo ve mal o bien, no estamos como para quedar bien entre la muchedumbre, sino hacer lo moralmente correcto. ¿Ser león o ser ratón? He ahí la premisa.
El trato correcto de las personas nos lleva a otro concepto dentro del tenor del buen vivir: la justicia. El ponerse en el lugar del otro es hacer un esfuerzo de objetividad por entender primeramente los derechos del hombre y en segunda instancia sus razones. Es en esto que se basa la justicia, entendimiento de lo que nuestros semejantes pueden esperar de nosotros. Este término de justicia también hace brotar otro tema: las leyes. Las leyes tratan de establecer lo mínimo que se necesita para mantener la convivencia entre la humanidad. Pero la propia complejidad del hombre hace ver a las leyes como algo sutil e imposible de guardar en libros.
Después de haber fundamentado algunos aspectos sobre ética y moral, y lo que estos conllevan, es necesario ver otra perspectiva en cuanto a lo que persiguen. Si bien se plasmó que la vida plena o el buen vivir es el objetivo del moldeo de la ética a nuestras vidas, ¿Qué nos impulsa a ello? Es el uso de las acciones y la satisfacción de necesidades lo que impulsa el actuar humano, el perseguir el tan anhelado objetivo de la existencia, alcanzar la felicidad, aunque esta se vea como instantes intermitentes de la vida.
Pero estos placeres de satisfacción se pueden ver envueltos entre tumultos de obsesión y abuso. Es inevitable, la vida pasa y los placeres se nos escapan de las manos, de modo que no queda más remedio que disfrutar a cada momento todo aquello que la vida nos ofrezca entre sus lazos de oportunidades. Pero estos placeres es mejor mantenerlos bajo control y usarlos, pero teniendo en mente que el fundamento de la vida no sólo es esto, ya que de pensarlo así el propio gusto por el placer nos llevaría al abuso y después a la obsesión, y esto no es más que un artilugio desagradable desde el punto de vista ético a escapar de la vida.
Por ello aunque sea desde un punto de vista no absoluto, la alegría que conlleva a la felicidad y satisfacción y todo lo que nos lleve a ésta, tiene justificación. El placer debemos de ocuparlo al servicio de la felicidad para así alcanzar la buena vida.
Conclusión
La libertad es la condición inherente de los seres humanos, que los lleva por los diferentes caminos y posibilidades que la vida ofrece. La moral por su parte es el tronco en el que se fundamenta la Ética para diferenciar mediante acuerdos que son aceptados por las sociedades lo que es en ese momento bueno o malo.
Este libro me hizo reconocer ciertos aspectos que de otra manera seria tedioso entender a través de la lectura de las teorías de la Ética. Fernando Savater adapta tal conocimiento a través de palabras y ejemplos que nos son comunes a todos en la vida cotidiana. Mi condición se basa en las ciencias exactas, pero como futuro ingeniero y sobretodo como persona que forma parte de una sociedad, no puedo darme el lujo de desconocer algo que vivo día con día, el tomar decisiones en un campo establecido y hacerme responsable de todo aquello que yo decida. El no saber cómo regir mi comportamiento y mi relación con las personas es semejante al no saber reconocer que lazarme por un precipicio es una idea bastante mala.
Al excluirse y no saber diferenciar lo que nos es bueno dentro de la sociedad, nos deja sin nuestra propia humanidad, desconoceríamos nuestra condición de seres racionales. Una persona por tantas cosas que logre en la vida, por ejemplo en el aspecto académico, nunca dejará de depender de las demás personas, porque hasta el lápiz que usa el académico es realizado por un conjunto enorme de gente.
Hay que ser responsables de lo que hacemos y saber manejar las situaciones que son provocadas por nuestros actos y siempre tomar parte de lo que nos rodea. La indiferencia hacia el acontecer de la sociedad es lo que hace que ésta acabe por arruinarse.
La Ética debemos de tomarla desde un punto de vista coloquial, como un instrumento para formas nuestra vida y tratar de mejorar a cada día. Debemos de entender y sobre todo la sociedad mexicana que cuando una persona sale adelante no tenemos que destruirla o si alguien tiene condiciones no tan buenas de vida tenemos que pisotearlo. El que hace bien, bien obtendrá y que hace el mal, mal obtendrá, eso nos recuerda a una frase que dice “todo cae por su propio peso” y “cada quien obtiene lo que merece”.
Y si tratamos de cumplir con las condiciones de vida que se nos plantean y difundimos estos ideales entre quienes nos rodean, el cambio comenzará. Es difícil eso nadie lo niega, pero “un viaje de mil kilómetros empieza con un paso”, y eso tenemos que digerirlo en nuestras mentes, el verdadero cambio empieza por nosotros, para llevarlo a nuestra familia y de ahí a los diversos grupos sociales que orbitan nuestras vidas.
En el mismo barco
La política se ha convertido desde el principio de los tiempos en uno de los mayores distintivos humanos. ¿Qué sería el hombre sin este concepto sociabilizador? Aristóteles describió al hombre como un zoon politikon, un animal político es lo que significa este término. La política ha ayudado al hombre a mantener la convivencia de las sociedades dentro de los marcos posibles dados por la ética y moral.
La interdependencia vuelve a caer en los confines de la necesidad humana. Es la debilidad del hombre lo que lo hace sociable . Esta debilidad comienza desde la desunificación de la humanidad, que según el mito de la torre de Babel, emprende en este punto. Es esta falta de entendimiento lo que nos ha llevado a tener la creencia de pertenencia y aislarnos en cierta forma del mundo. Esta pertenecía a un determinado grupo de personas nos ha llevado por distintas etapas de la historia y ha llevado consigo una forma de convivencia con nuestros semejantes, y esta forma de armonía nos regresa al punto principal: la política.
Tanto los conceptos de sociedad y política, así como cualquier otro término perteneciente al ideario humano, no es más que ideas utópicas que viven en la razón humana. Nosotros nos apegamos a creer que una sociedad existe y esta idea se ve reforzada por nuestra comunión en grupos. Ya lo dijo Emmanuel Kant: “La existencia de Dios se admite no para fundamentar la moralidad, sino para fundamentar al mismo Dios”, si hacemos una analogía a la sociedad o la política, estas existen para fundamentarse a sí mismas, ya que no son algo engendrado por la naturaleza sino por el pensar humano.
La interdependencia vuelve a caer en los confines de la necesidad humana. Es la debilidad del hombre lo que lo hace sociable . Esta debilidad comienza desde la desunificación de la humanidad, que según el mito de la torre de Babel, emprende en este punto. Es esta falta de entendimiento lo que nos ha llevado a tener la creencia de pertenencia y aislarnos en cierta forma del mundo. Esta pertenecía a un determinado grupo de personas nos ha llevado por distintas etapas de la historia y ha llevado consigo una forma de convivencia con nuestros semejantes, y esta forma de armonía nos regresa al punto principal: la política.
Tanto los conceptos de sociedad y política, así como cualquier otro término perteneciente al ideario humano, no es más que ideas utópicas que viven en la razón humana. Nosotros nos apegamos a creer que una sociedad existe y esta idea se ve reforzada por nuestra comunión en grupos. Ya lo dijo Emmanuel Kant: “La existencia de Dios se admite no para fundamentar la moralidad, sino para fundamentar al mismo Dios”, si hacemos una analogía a la sociedad o la política, estas existen para fundamentarse a sí mismas, ya que no son algo engendrado por la naturaleza sino por el pensar humano.
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