La prevención por un bien común
Por: Jesús Guillermo Falcón Cardona
Desastre, llanto, impotencia, son palabras que nos hacen recordar aquel acontecimiento que nos sorprendió en el amanecer del 19 de Septiembre de 1985 en nuestra querida Ciudad de México…
Aquella mañana se dio una mixtura de sentimientos que se sobreponían uno con otro por la magnitud de aquello a lo que nos enfrentábamos: un terremoto. Pero nuestra sociedad a pesar de la falta de una cultura que nos ayudase a poder responder de mejor forma, dio muestras de su profunda cooperación y solidaridad por el bien común de nuestro pueblo.
En esos días dejamos de lado las idiosincrasias racistas que nos distinguen en una escala social, en ese momento todos éramos mexicanos. Entre los escombros se podía diferenciar la interdependencia que nos une como pueblo, y como dijo Jean Jacques Rousseau “Es la debilidad del hombre lo que lo hace sociable”, y en este caso la penumbra del dolor como debilidad nos llevó hacia la participación.
Sin embargo pese a todo, la sociedad mexicana pudo salir adelante, aunque las heridas no cerrarán… Día con día muchas de las personas que presenciaron ese evento viven con la zozobra de lo que podrá ocurrir cuando por la mañana despierten.
Debemos de estar consientes que el futuro se vive a cada segundo, pero con cada segundo nos acercamos cada vez más hacia un destino inevitable. Científicos han descubierto que esa mañana del 19 de Septiembre se volverá a repetir en un escenario distinto. Los enemigos se mueven a cada instante y es incesable este acontecer.
La Tierra está fragmentada en placas tectónicas las cuales son parte de la dinámica de la superficie terrestre. Estas placas a lo largo de la historia han dejado cicatrices en toda la extensión del planeta, y un ejemplo de ello son montañas, grietas, etc. Esto debe de servir de referencia para conocer el tamaño del enemigo al que nos enfrentamos. Actualmente estamos al asecho de dos de estas placas: la placa Norteamericana y la placa de Cocos.
Lo descubierto por los científicos se centra en que estas placas se encuentran en un proceso de subducción, generando una cantidad inimaginable de energía que en algún momento (no muy lejano) se desencadenará. Esto nos es de interés a todos, ya que la indiferencia sólo mostraría un retroceso social ante lo ya vivido y peor aun una falta de respeto ante toda persona que murió en el desastre y no sólo ellas sino aquellas que dieron sus vidas para salvar a otros.
El tiempo ha seguido su curso, y las nuevas generaciones han dejado en algún recóndito lugar el recuerdo de la calamidad. Podrá haber tantas razones por la que hacen esto, pero ninguna supera al instinto de supervivencia. Se ha insistido tanto en la práctica de simulacros para estar preparados ante el futuro, pero tal parece que estos no son más que un momento cómodo para platicar de cualquier cosa, dejando de lado la importancia del acto que se supone llevamos a cabo. El gobierno a través de los medios masivos de comunicación ha exhortado en una cultura de prevención, que muy a nuestro pesar no ha sido suficiente para alentarnos a salvar nuestras vidas.
Tal parece que existe una decadencia social y una terrible indiferencia entre la sociedad mexicana. Pero estas malas costumbres nos pueden cobrar de nuevo cuentas bastante caras.
¡Es momento de un cambio radical en la forma de pensar y darnos cuenta que no debemos de vivir a la sombra de aquel triunfo insípido que vivimos al salir adelante en esos tiempos! El pasado quedó en el pasado y es cuestión nuestra, las nuevas generaciones, no sólo conformarnos con eso, sino estar preparados ante cualquier eventualidad que se nos presente.
Es cierto el enemigo es invencible, pero si podemos preparar su llegada y burlarlo de alguna manera, y esa manera es fundamentar una cultura de prevención entre todos nosotros. Si queremos un bien y un progreso debemos de poner de nuestra parte y estar convencidos que nuestras vidas son lo más preciado y no dejar a la suerte estas.
Es por ello que mediante este texto hago hincapié en la necesidad imperante de cambiar la consciencia colectiva de la sociedad mexicana y hacerla más sensible ante los sucesos que nos persiguen con el pasar de los días, porque no estamos exentos de la posibilidad de lo inevitable. Más vale prevenir que lamentar, una frase del argot popular que nos debe de abrir la visión y ver más allá de lo que se nos presenta. Con esto les puedo asegurar que si cada uno difunde en su medio los ideales de proteger no sólo la vida propia sino que la de otros basándonos en una cultura de prevención, en más de una ocasión saldremos bienaventurados a cualquier eventualidad a la que tengamos que hacer frente, y no será sólo un éxito individual sino que se manifestara como otro éxito de nuestra grandiosa Patria.
sábado, 10 de octubre de 2009
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